Somos perros en el mundo

Una vez alguien me dijo: “Si te cuesta articular las palabras o los pensamientos sobre el papel, sal a la calle y experimenta la vida. De alguna manera lo no contemplado te visitará y no retornarás al texto siendo la misma”.
Ese Domingo se presentó mustio como lo advirtió el día anterior. Siempre olvido cómo lidiar con el óxido y me costó más de lo habitual abrir la llave de la ducha, decidir incluirme en el vapor, elegir las telas que mejor abrigan las extensas y expuestas partes de mi vulnerabilidad y la subjetividad oculta en rincones.
Pero salí, con una obtusa necesidad de caminar hacia ninguna parte, para ver si en “ninguna parte” me encuentro.
A medida que mi camino iba acumulando pisadas, noté las arritmias en mi respiración, sentí el pelo inseguro, la saliva inquieta, la histórica tensión en la mandíbula y los sonidos del metro que me llevaría a ninguna parte, me susurraron a través del aire monoxizado: “Estás incómoda”.

Caminé mucho, me fui poniendo tranquila. Me di el tiempo de observar las cabezas de los edificios, los sombreros de las casas y llegué al Bellas Artes sin saber que me encontraría cara a cara con las pinturas de Matta. La primera: Ojo con los desarrolladores.
Nunca lo había sentido. Lo había visto, lo había intentado apreciar, pero en ese momento lo sentí. Matta nos invitó a un mundo tridimensional en el que la transparencia tiene supremacía por sobre los colores. La advertencia estaba escrita. Ojo con el desarrollo, desarrollo de qué. Ojo con los avances, Hacia dónde avanzamos?
Ojo con lo humano, con los otros y con nosotros mismos.
Después llegaría a casa a ver el documental que esperaba por mí desde hace meses para entender la teoría de Matta respecto a la “Guerrilla interior”, lo que me guiaría nuevamente a caminar por senderos relacionados con la autoconciencia y el silencio.

Recorrí el museo con calma, por primera vez inserta en las pinturas, paseando por los lugares, experimentado los rincones y saltando desde abismos sin peligro, hasta que llegué a la frase que resumía lo que me capturó en la primera pintura:

“Yo casi puedo decir que me arranqué de Chile, un poco para arrancarme de una clase. Viví en Europa casi seis años solo, absolutamente desconocido, tratado como esos perros de la calle. Eso me hizo bien para identificarme con todos los perros del mundo”.

No he podido sacarme esa frase de la piel. Todos quienes en algún momento hemos sido tratados como perros, nos identificamos con los perros del mundo.

“Callar, salir, oír, observar, escribir pese a mi escritura, ponerme entera en lo que me acerca a eso que llamo integridad”, pensé y me fui desoxidando a través del color de la transparencia.

Matta fue un idealista serio e intentó relacionarse con Chile, pese a haberse sentido siempre raro.
No quiero hacer levantamientos, él mismo lo dijo. Era monstruoso, incapaz de ser un buen padre o relacionarse sanamente con las emociones, sin embargo nos quiso dejar algo con respecto a la integridad. Una estética, un cuestionamiento, una forma crítica desde la construcción de identidad.

Decidí salir del museo y caminar por el Forestal. Observé a las parejas. Pocas me parecieron tener complicidad. Habían muchos riendo, varios ostentando cosas y yo buscando algo que me devolviera a la realidad.
Descubrí tres expresiones que me maravillaron: Una de un hombre, vendedor de Berlines, viejo y sin embargo sorprendido por la compra de una niña. El sentimiento que descubrí en su expresión fue el de gratitud. Cómo lo supe? Su sonrisa no quería irse.
La segunda expresión fue la de un niño llorando sentado en una banca con quién asumo, es su padre.
El llanto no parecía ser trivial ni controlado. El niño tendría unos 11 años y su boca luchaba en el intento de respirar mientras se inundaba la banca de pena, me hizo pensar en que ese niño sabe lo que es la separación.
La tercera expresión que descubrí, fue la del padre, cuyos brazos insistían en alargarse para lograr contener la pena irremediable de quién asumo es su hijo.
El sentimiento que me llegó de él, es el de desolación.
Fueron tres sentimientos en tres expresiones que me devolvieron a la vida y que me hicieron volver a la búsqueda reinterpretando la frase de Matta y sumándola a las frases que me persiguen como un aura en un intento exhaustivo de evitar que vuelva a perderme: “Somos perros en el mundo”

ojo con los desarrolladores

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s